Actividades deportivas en París
Apr 28th, 2008 |
Entre los lugares de mayor atractivo turístico que uno puede encontrar en París al llegar por primera vez están tanto los monumentos arquitectónicos, como los parques, los jardines y los distritos. Todos confluyen para que la visita del turistas pueda ser espectacular.
En primer lugar podríamos comenzar a mencionar los Campos Elíseos. Este bello lugar, localizado en el octavo distrito, es un jardín que data del siglo diecisiete. Hoy en día, es empleado como una avenida-paseo que enlaza el Arco del Triunfo con la Concorde. Es considerado por muchos como una de las principales atracciones tanto de París como de Francia en general. Allí, se pueden hallar una gran cantidad de tiendas ya que es una de las calles de mayor comercio en París. Existe un apelativo que la pinta de cuerpo entero. “L’Aveneu plus Belle du Monde”, o sea, la avenida más bella del mundo. Una calle que se localiza cerca de aquí y que tiene gran importancia al ser el centro de la moda y el refinamiento es la Aveneu Montaigne. En ella podemos encontrar una serie de marcas de primer nivel como Louis Vuitton, Dior, Givenchy y Chanel. Asimismo, no podemos dejar de mencionar a la Plaza de la Concordia, la cual se sitúa a un paso de los Campos Elíseos. Allí, se localizan dos edificaciones de piedra que son esplendorosas. Una de ellas, es el Ministerio Naval francés. Y la otra es el afamado Hotel de Crillon. A uno cuantos minutos de esta plaza, está Place Vendome, la cual es afamada por albergar al Hotel Ritz. En este lugar hay una gran cantidad de locales destinados a la moda y a la joyería.
Otro lugar que debe ser visitado por los turistas es el Distrito de Commercy. Allí se encuentran muchas sedes de las marcas de mayor relevancia en cuando a moda y glamour se refiere. Christian Lacroix y Hermes son muestra de ello. Para los que son amantes del refinamiento y el lujo este lugar es el indicado para visitar. Poder comprar diversos productos que no se encontrarán en otros países es algo que motiva a muchos a venir hasta esta parte de la ciudad. Siguiendo con las atracciones a las que uno puede ir cuando está en París, tenemos a la Opera de París. Localizada en el noveno distrito, en la margen derecha, alberga una gran cantidad de oficinas y almacenes. Dos ejemplos de lo que acabamos de mencionar lo podemos apreciar con Printemps y las Galerías Lafayette. En este lugar también se encuentran los locales principales de empresas financieras de gran prestigio y alcance. Una de ellas es el BNP Paribas y la otra es American Express.
Montmartre, ubicado en el décimo octavo distrito, tiene como atracción principal a la zona de la Butte. Allí, está la basílica del Sacré Cceur. Esta parte de París se caracteriza por tener una historia basada en el trabajo de los artistas. Por este motivo, hay un gran número de caferías y estudios vinculados a esta rama. Otro distrito que puede ser visitado es Les Halles. En el pasado era un reconocido mercado de carne y diversos productos. No obstante, desde hace algunas décadas atrás, más precisamente a finales de los setentas, pasó a convertirse en un importante centro comercial. Aquí, hay una gran estación de metro que es considerada por los entendidos como la más grande de Europa.
Otro distrito que es muy interesante de visitar es Le Marais. Este se caracteriza por albergar una fusión muy llamativa. La moda con los negocios. Allí también grandes compañías relacionadas a lo financiero y a lo legal. Asimismo, cabe señalar que en este lugar se encuentran la población judía más grande de todo el occidente de Europa. Es un centro donde habitan comunidades homosexuales. Por todo esto, se dice que esta zona es la más cosmopolita de todo el continente europeo. Continuando con las alternativas turísticas que se pueden visitar tenemos a la Plaza de la Bastilla. Este sitio se caracteriza por tener un alto grado de recuerdos históricos. Allí sucedieron hechos gravitantes para el curso de la historia de París en particular y de Francia en general. Debido al carácter que tiene, se emplea regularmente como punto principal de concertación para las manifestaciones de índole político. El Quartier Latin, es un centro vinculado a los conocimientos del siglo doce, que se ubica por el borde izquierdo de la Place Maubert y el campus de la Universidad de La Sorbona. Hoy en día se le conoce por su ambiente agradable. Allí se respira tranquilidad, relajo y diversión. Por este motivo, hay muchos bares. Además, hay diversos lugares destinados a la educación universitaria. Algunos de estos son ParisTech, la Ecole Normale Supérieure y la Universidad de Jussieu.
Montparnasse es una sitio de carácter histórico que alberga el Banco de Francia, lugar célebre por la música, los artistas, las cafeterías y la vidas bohemia en su totalidad. Aquí, se ubica la impresionante estación de tren y metro llamada Montparnasse-Bienvenue, al igual que la Tour Montparnasse. Este lugar además se conocido por tener una serie de edificios de gran tamaño (rascacielos). Prosiguiendo con los atractivos turísticos de París, podemos encontrar a La Défense. Localizada a un kilómetro y medio de París, es parte de lo que se conoce como la periferia. Este lugar es uno de los principales centros económicos de todo el mundo y el más grande del Viejo Continente. Aquí se ubican algunas de las sedes de las compañías más importantes del orbe. Este distrito está dedicado especialmente para el desarrollo de diversas empresas.
Respecto a los jardines y los parques podemos decir que estos son de pequeño tamaño en comparación con otros que pueden haber a lo largo del continente europeo. Por ejemplo, en Madrid y Londres, el Parque del Retiro y el Hyde Park son considerados como grandes parques. Estos se ubican en la parte central de la ciudad y le dan un toque distinto. Sin embargo, en París, lo que más se puede hallar son parques y jardines más pequeños. Dos dignos representantes de parques que pueden entrar a la categoría de grandes son el Bois de Vincennes y el Bois de Boulogne. Cabe señalar que existen una gran cantidad de árboles no solo en los parques y jardines sino también a lo largo y ancho de toda la ciudad. Esto se puede ver en las avenidas y en los bulevares. Su presencia ayuda que el nivel de contaminación descienda y que el aire que se pueda respirar sea más limpio. En sí, otra de sus labores es servir de decoración para la belleza de París. En el caso de lo jardines, podemos mencionar a tres de ellos, que gravitan por su gran relevancia cultural. El primero de ellos es el Jardín de Luxemburgo, el cual es un parque de grandes dimensiones que en el pasado era de carácter privado. El segundo es el Jardín des Plantes que fue creado por Guy de la Brosse (doctor del rey Luis XIII). Finalmente, el tercero de la lista es el famoso Jardín de las Tullerías. Este vio la luz en el siglo dieciséis y se ubica en la margen derecha del río Sena, cerca del Louvre. Otros parques de la capital fueron hechos por el Segundo Imperio. Algunos de estos son Buttes-Chaumont, Parque Monceau y Montsouris. Cabe señalar que las últimos parques que fueron creados en París son el Parque André Citroen, el Parque de Belleville (fundado en la década de los noventas), el parque de Bercy (antes fue un viñedo) y el Parque de la Villette.
Hay analogías que de las que vale hacer mención para representar una situación. ¿Se imagina visitar Roma y no darse una vuelta por el Coliseo Romano? O quizás ¿pasear en el Cusco, en Perú, y no conocer las ruinas de Machu Picchu? Estos detalles sirven para abordar una verdad. Cada ciudad tiene una atracción emblemática que la hacen única en el mundo. En el caso de París, la atracción emblemática por excelencia, es de lejos, la Torre Eiffel. No hay ningún turista que pueda negarse a visitar la torre y mucho más aún, a subir por ella. Este enorme símbolo de París es razón de orgullo para toda Francia. Tiene ya más de un siglo y aún tiene la fortaleza que le dio su ingeniero creador, Gustave Eiffel. Los visitantes quedan anonadados por la magnificencia de la estructura que tardó poco más de dos años en terminarse y que es prueba del ingenio y la inteligencia de los hombres de finales del siglo diecinueve. Siendo el monumento más visitado del mundo, sería una locura que no pase cerca de la torre que ha hecho de París la ciudad más visitada del mundo. Llegar a la torre Eiffel resulta de lo más sencillo. No sólo porque París cuenta con un eficiente servicio de transporte público, sino también porque la torre es visible desde casi todo París y si se tienen ganas de caminar o de manejar bicicleta, no sería muy difícil llegar al monumento de hierro. Muchas paradas del metro y el autobús se ubican en las cercanías de la torre Eiffel para llevar con facilidad a los turistas. Las paradas principales si es que se toma el metro son Bir-Hakeim y Ecole Militaire. En el caso del RER, se recomienda subir a la Línea C y bajar en la estación Champ de Mars-Tour Eiffel. Gran cantidad de autobuses van también para la torre Eiffel. Las líneas 42, 87, 22, 69, 30, y otras más, pueden llevarlo con suma rapidez, puntualidad y seguridad. Esto último es muy importante ya que es probable que algunos turistas pacten con anticipación una visita guiada por la torre, y de llegar tarde se perderán de la travesía con el experto. Si ha alquilado un coche al llegar a París lo más recomendable es que lo estacione en el lugar que tiene dedicado la torre Eiffel para estos fines: la plaza Joffre.
Una vez en la torre la actividad de rigor está sobreentendida. La torre se ve de un modo desde abajo, pero de otro modo desde arriba. Subir es lo que ocupará su mente apenas llegue. No hay nada como ver París desde lo alto de la torre. Pues bien, hay tres opciones mediante las cuales uno puede llegar a la cúspide del monstruo de hierro. Pero es conveniente saber antes, que el ascenso no se desarrolla sin parar. La torre tiene básicamente tres plantas principales en las cuales se puede ir apreciando París gradualmente. Básicamente, se puede subir en ascensor. Ahora bien, este último no es gratuito y tendrá que pagar el lo que indique el tarifario correspondiente. De otro modo, la única opción es usando las escaleras. Subir la torre caminando es una actividad muy sana y que le dejará también una grata experiencia. Muchos deportistas manifiestan desidia por el ascensor y prefieren subir a pie, ya que será una gran anécdota para contar y que además permitirá y apreciando poco a poco la extensión de la capital francesa. Ahora bien, conviene hacer la advertencia de que si desde ya empieza a entrenarse en casa subiendo montes para luego subir a la Torre Eiffel a pie, no llegará hasta lo alto de este modo ya que las escaleras solo permiten la llegada al público hasta la segunda planta. Desde ahí ya es obligatoria la subida en ascensor. Si desde un principio se ha optado por la vía mecánica, son unos 115 metros los que hay entre el suelo y la segunda planta. Una vez allí se puede apreciar desde los miradores la magnificencia de París. Pero aún falta llegar a la cúspide. Para ello es conveniente tomar otro de los ascensores que lo elevarán a unos 166 metros más de altura, haciendo un total de 276 metros. Un cuarto de kilómetro de puro hierro. Los precios a pagar para llegar a lo alto de la torre Eiffel dependen siempre de las exigencias que los turistas tengan. Para llegar a la primera planta el cobro es de 4.5 euros para adultos, y 2,3 euros para los niños. Si se trata de la segunda planta el precio es de 7,8 euros; mientras que los niños pagan 4,3 euros. Finalmente, para llegar a la cima de la torre se deben pagar 11,5 euros en el caso de los adultos, y 6,3 en el caso de los niños. El acceso por la escalera también tiene un precio. Los mayores de veinticinco años deben pagar sólo 4 euros, mientras que los menores de veinticinco sólo 3,10 euros. Ahora bien, un consejo a tomar en cuenta es que si ha visitado París con la familia hay descuentos para grupos grandes. De otro modo, si se encuentra sólo en París, tal vez con un poco de carisma pueda hacerse amigo de otros turistas y así formar un grupo de menos de diez personas, con el cual tendrá acceso más rápido y representará un ahorro significativo.
Sin duda, otro de los atractivos de la torre no es sólo el subir por ella, ino también verla de noche. La iluminación del gran monstruo es todo un espectáculo durante el ambiente nocturno y que por sobre todo llena de mucho romanticismo cada rincón de París. Gran cantidad de turistas jóvenes y solteros encuentran en esta atmósfera la oportunidad perfecta para dejarse llevar por el amor y la ilusión. Y no tome por exageración cuando decimos “cada rincón de París”, ya que los poderosos reflectores de la torre son visibles hasta a más de ochenta kilómetros cuando el cielo de la ciudad no tiene mucha nubosidad. Cuando las luces van prendiéndose de manera gradual París adquiere cierta magia especial. Durante el verano las luces quedan encendidas y adquieren su máximo esplendor a la una de la madrugada en el invierno. Por el verano la magia de su iluminación se extiende hasta las dos de la madrugada. Es conveniente saber también que las luces se prenden de diferente color según la época. Por tal motivo, durante la noche la torre puede verse azulada, amarilla, anaranjada, etc.
Mirando el territorio parisiense los turistas quedan en un estado de suma contemplación al ver la belleza de la gran metrópolis. Si se está en pareja el ambiente es aún más especial. Sin embargo, nada impide que el cuerpo siga exigiendo necesidades básicas, y si ya es más de medio día el hambre empieza a aquejar. No se preocupe si es que está viendo tremendamente incómodo tener que salir de la torre, ya que para comer bien, no hay necesidad de abandonar al coloso de hierro. La torre tiene dentro de sí dos restaurantes con un ambiente muy agradable y que son el ambiente romántico por excelencia. Si desea hacer un esfuerzo para comer bien es conveniente visitar el Altitude 95. Este restaurante, ubicado en la primera planta de la torre que precisamente se halla a unos 95 metros de altura, puede albergar hasta poco más de doscientas personas. La espectacularidad del lugar reside en que tiene hermosos miradores que son el deleite visual mientras se come bien. El Trocadero y el Sena adquieren gran esplendor a esta altura. También es el lugar apropiado para una cerveza en el bar si es que ha subido la torre con los amigos. Por otro lado, si el viaje de los turistas implica tirar la casa por la ventana y no reparar en los gastos; pues el restaurante Jules Verne es el más apropiado para este fin de lujo. La calidad del restaurante está certificada porque posee entre sus reconocimientos una estrella de la Guía Michelín, otorgada a los mejores restaurantes del mundo. Siendo uno de los principales establecimientos de comida en Francia, vela siempre por mantener ese status con los más finos potajes de sus reconocidos cocineros. El restaurante se sitúa en el segundo nivel de la torre. Si desde ya está ahorrando lo suficiente para comer en este lujoso lugar, tendrá la ventaja de ascender directamente a él por medio de un ascensor especial, evitando así las colas de gran cantidad de turistas que llegan a la torre. Bien valdrá la pena cada centavo que gaste en el Jules Verne ya que el ambiente es uno de los más agradables por su eminente romanticismo. Tanto así que es el lugar ideal para una propuesta de matrimonio imposible de rechazar. De todas formas, si no quiere entrar al restaurante y salir de inmediato por los altos precios, puede ver un previo de la carta en el pilar del lado sur, en la base de la torre. En este lugar se ubica el ascensor que comunica directamente con el Jules Verne, y los empleados entregan la carta a quien la pida antes de subir. Es la mejor manera de evitar sobresaltos luego de recibir la cuenta.
Una vez que ya se han examinado todos los rincones posibles de la torre Eiffel es momento de pasar a otro de los atractivos principales de Francia. Por tal razón, el próximo destino debe apuntar hacia la Catedral de Notre Dame de París (es español se le conoce como Nuestra Señora de París). Su construcción data desde hace más de ocho siglos. Fue construida en honor a María, y por eso lleva el nombre de Nuestra Señora. La catedral se ubica exactamente en medio del Río Sena, en una isla de poca extensión llamada Isla de la Cité. El paisaje de la catedral, combinado con las aguas del río es para quedar absorto. Muchos turistas quedan encantados con el ambiente religioso de este edificio que ha perdurado desde hace tantos años y que también es símbolo no sólo de París, sino de toda Francia. La catedral tiene cada línea de su arquitectura y diseño muy relacionada con el estilo gótico de la época en que fue construida. Son estos detalles los que llaman la atención de los visitantes que escuchan la descripción de los guías. Cada línea de la catedral tenía como intención ser representación de una necesidad por alcanzar el contacto con lo divino. En medio de una época que avanzaba a raudales, los detalles del estilo gótico de la catedral mantuvieron perenne toda una tradición arquitectónica que perdura hasta el día de hoy. Los visitantes a este religioso edificio no deben perderse algunos elementos que lo hacen famoso. Uno de ellos es el fabuloso órgano Cavaille-Coll. Actualmente, grandes músicos doctos de aquel intimidante instrumento favorito de las iglesias, esperan ser siempre llamados para ser el ejecutor principal de las piezas que han de tocarse durante las ceremonias. Se trata pues, de un puesto muy honorable, que implica tocar en una de las catedrales más famosas de todo el mundo; y tocar el mismo órgano que tocó Louis Vierne, un importante músico francés que destacó en el siglo veinte. A pesar de la preponderancia de lo gótico, el paso de los años provocó ciertos cambios en muchos detalles que conforman la Notre Dame. En algunos sectores del edificio pueden apreciarse vestigios de arquitectura románica normanda, caracterizada por ser más sencilla, fuerte y de buena consistencia en sus líneas sin entrar en mucho detalles. Por otra parte y en mayor medida, los detalles que incorporó la tendencia gótica dota a la Notre Dame de importantes avances en cuanto a arquitectura se refiere, no sólo como estructura sino también por su ordenamiento visual. Aunque parezca increíble, las bases y columnas principales de la catedral pueden verse desde el exterior. En conjunto, el edificio luce imponente pero con una ligereza muy atractiva para público en general y para los entendidos en arquitectura. La base de la catedral es de especial interés ya que está delineada por una cruz que está en dirección al oeste. Este detalle sólo puede apreciarse desde el interior de la catedral. Esta cruz inserta en la estructura divide la parte interior en unos cuatro sectores principales. En general, cada detalle de la Catedral de Notre Dame la hacen un destino ineludible si es que desea conocer los principales hitos religiosos de la capital francesa.
Otro de los lugares de rigor que se debe visitar durante una visita a París es la Plaza de los Vosgos (Place des Vosges). Su valor radica en que es la plaza de mayor antigüedad en toda la capital. Su ubicación exacta es en la intersección del tercer y cuarto distrito, más precisamente en la conocida Marais. Los turistas son atraídos a esta gran plaza llena de historia que en otro tiempo era conocida como El Palacio Real, y que fue edificada por mandato del entonces rey Enrique IV. En un principio mencionamos que la ciudad de París tal como la conocemos ahora es producto de un proceso de mejora urbana. El Palacio Real fue la primera muestro de ello, pero tiempo después fue destruido por mandato de Catalina de Medicis para dar lugar a la plaza como la conocemos en la actualidad.
Ahora bien, del mismo modo en que la Torre Eiffel es el símbolo de París, hay otro lugar que tiene tanta importancia para el país galo como lo tiene el monstruo de hierro. Nos referimos, sin más ni menos, al Museo de Luovre, el compendio de arte más dotado de todo el mundo. En este maravilloso museo se exhiben obras y vestigios de todas las culturas posibles del mundo. Es una manera sencilla de recorrer los grandes pasajes de la humanidad a través de pinturas famosas que describen el clima cultural de toda Europa. Además, se dice que hay muchos secretos en torno a los detalles del museo que aún siguen siendo investigados. Pero lo conveniente es establecer las prioridades de lo que se verá en el museo. Para empezar, sólo el exterior, es decir, las fachadas, los lados laterales y los techos, conforman un edificio que de por sí ya se convierte en una joya arquitectónica que demandará muchas horas de inspección. De tal modo, los turistas pueden ver la increíble magnitud del Louvre en cuanto a su tamaño. Su forma es como de la U invertida o un cuadra al que le falta uno de los lados. Entre esos tres lados, cientos de visitantes caminan por el patio central que se extiende y que tiene como atractivo principal la gran Pirámide del Louvre. Esta pirámide hecha de cristal es un monumento de gran envergadura, no sólo por su belleza sino porque muchos turistas reciben una curiosa explicación de los guías. Se dice que la Pirámide es la manzana de la discordia entre quienes defienden la arquitectura clásica del Louvre y ven la pirámide como un monumento que no se adapta al resto del paisaje del gran museo; y los que sí están de acuerdo con implantar un poco de modernidad artística, ya que precisamente eso es lo que valora el museo, el arte, y no precisamente un estilo arquitectónico. Ahora bien, tenga en cuenta los consejos antes mencionados y elabore un itinerario de las cosas que visitará una vez que se encuentre dentro del museo. Recuerde que son más de treinta mil piezas de distintas culturas y países (contando sólo las que se exponen, ya que en los almacenes se conservan 270000 piezas más) y no bastarán dos días para conocer todas ellas. Y esto en el caso de que decida pasar rápidamente por cada una de las piezas y no detenerse a contemplarlas con detenimiento, lo cual es mucho más recomendable. Por eso, hay que ser selectivo y elegir lo más acorde a sus gustos artísticos. Aunque es conveniente mencionar una opción que ya está “prefabricada”. En la entrada del museo puede tomar parte de una de las visitas guiadas. No hay problema de qué nacionalidad venga. Los guías en este museo hablan distintas lenguas, o bien tienen guías de diferentes nacionalidades. Las visitas guiadas se erigen como la mejor opción si es que uno no sabe mucho sobre arte y no sabe por dónde empezar un itinerario. Lo mejor en estos casos es dejar el recorrido en manos de los expertos del Louvre. Claro que no será gratis y tendrán que desembolsarse unos cuantos euros que de hecho serán recompensados. Una de las ventajas es que a diferencia de los que entran por cuenta propia al museo, los integrantes de las visitas guiadas no tendrán que hacer colas y tienen mayor facilidad de acceso. Otro consejo válido es que, para los turistas inquietos que no pueden estar bajo el control de un guía, el Museo de Louvre tiene en su página de Internet las principales atracciones dentro de sí y con un mapa para mejor ubicación. Esto permite que lugar visitar y cuales no. Sobre todo, sirve como guía para no perderse en el edificio. Un último consejo antes de ir al Louvre, es el calzado y la ropa. Lo mejor es llevar prendas ligeras y un calzado sumamente cómodo, como zapatillas por ejemplo. Esto se debe a que el recorrido por el Louvre es extenso y prolongado y es conveniente estar cómodo para resistir la dura faena. Con dichas recomendaciones, uno debe estar listo para ser contado como uno de los ocho millones de turistas que vienen cada año a ver las maravillas que guarda el Louvre.
Son ingentes las colecciones de arte y de arqueología que se encuentran en el Louvre y que son representativas para toda la humanidad. Las obras que los turistas podrán apreciar tienen procedencia muy variada. Las más clásicas son las colecciones reales. Se sabe que antiguos reyes de Francia tenían especial consideración en cualquier materia artística y por ello tenían como pasatiempo adquirir obras variadas de artistas famosos. Los coleccionistas reales más famosos fueron Luis XIV y Francisco I. otra parte de las colecciones de arte que pueden apreciarse en el Louvre provienen de la Revolución Francesa. Muchas iglesias tuvieron que ceder sus posesiones al gobierno. Otras obras fueron obtenidas luego de algunos conflictos bélicos en la nación belga. Pero uno de los crecimientos más significativos en cuanto a piezas artísticas y que llenan gran parte de las salas del Louvre, son las obras obtenidas durante el gobierno de Napoleón. Claro que años después algunas obras fueron devueltas a las naciones correspondientes. Entre el siglo diecinueve y veinte, gran cantidad de colecciones privadas pertenecientes a amantes del arte fueron donadas al museo y son el orgullo de París.
Tenga en cuenta la siguiente serie gradual para entender la magnitud de lo que continua. Si Francia es París, y París es el Museo de Louvre, el museo de Louvre es La Gioconda. Se trata, sin lugar a dudas, de la pintura más famosa del mundo y que es la estrella principal de todas las atracciones que tiene este gran museo francés. Probablemente Leonardo Da Vinci no tenía idea de la magnitud de su obra al hacerla, pero lo cierto es que en Louvre ha adquirido gran preponderancia. Los turistas se sienten orgullos de poder semejante pieza de arte ante sus ojos. Sobre todo porque por datos históricos se sabe que ha sido robada más de una vez, pero por suerte las investigaciones la trajeron de vuelta al Museo. Otras obras que son de rigor durante la visita no pertenecen al patrimonio de un país, sino al de toda la humanidad. Se trata de la Venus de Milo, conservada en muy buen estado y que también es otra de las piezas favoritas de los turistas. Destaca también el Escriba Sentado. Grandes obras de la ilustración y del renacimiento son expuestas en el museo. Brillan los nombres de tan magníficos artistas cmo Goya, Fragonard, Rembrandt, Rubes, Poussin, Tiziano, etc.
Todos los atractivos mencionados son ideales para visitar a lo largo de la estadía en París. Poder salir desde la mañana y recorrer cada uno de estos lugares es una experiencia única. En medio de esta travesía se puede parar y descansar. Respirar aire puro por los parques y los jardines es algo indispensable de hacer. Lo recomendable es poder planificar el recorrido para no tener ninguna clase de complicación con el tiempo.